Mensaje de nuestra vicepresidenta por el 175 año de la fundación de la de la Congregación de los Misioneros Hijos del Corazón de María.
Queridos hermanos Misioneros Claretianos,
Desde Proclade Bética queremos unirnos a vosotros con alegría para conmemorar juntos el 175 año de la fundación de la de la Congregación de los Misioneros Hijos del Corazón de María. 175 años de fidelidad al carisma, llevando vuestro ardor misionero a todo el mundo.
Recordar esta fecha es ir al origen de aquella “grande obra” que San Antonio María Claret inició, movido por el Espíritu y por el amor a una humanidad necesitada de Misioneros y Evangelizadores que llevaran a todo el mundo la Buena Noticia del reino de Dios.
Un ardor misionero y evangelizador que se ha perpetuado en sus hijos, que queréis seguir construyendo el sueño congregacional inspirado en vuestro Padre fundador y así lo expresáis: “Vivir comprometidos con la fraternidad universal, la justicia, la paz y el cuidado de la casa común, colaborando con espíritu sinodal con gentes de diferentes culturas, etnias y religiones para la transformación del mundo según el designio de Dios.” Porque hoy también es necesario llevar el amor de Dios allí donde hay realidades de sufrimiento y dolor.
Fruto de este sueño nació Proclade Bética hace 30 años. Nos sentimos parte de esta Familia Claretiana y de contribuir a este sueño promoviendo la solidaridad, la defensa e integración de las personas migrantes, el derecho a la educación, la paz y reconciliación y la ecología integral, a través de proyectos que impliquen a un voluntariado transformador, capacitado y comprometido con las personas, colectivos y comunidades en situación de vulnerabilidad. Pero ello no sería posible ni tendría sentido sin vosotros, misioneros claretianos.
Felicidades en este 175 cumpleaños, y gracias, muchas gracias, por vuestro servicio evangelizador, por vuestro compromiso con la sociedad, por vuestra labor misionera, por vuestra sencillez y cercanía, por vuestro testimonio y ejemplo.
Que el Señor os siga bendiciendo y que el Corazón Inmaculado de María os cuide en el camino y os guie para que podáis seguir dando respuesta a tantas realidades que esperan aún la Buena Nueva del Evangelio.
María Jesús Pérez-Solano Vázquez


