Nos ha dejado Araceli, nuestra hermana.
Sentimos mucho la pérdida de su presencia física y sabemos que otras muchas personas, principalmente sus hermanas de la Comunidad de Mercedarias de la Caridad, vecinos y vecinas de origen o de adopción de S. Isidro, también la echan de menos. Confiamos en que está disfrutando de la plenitud de la resurrección, descansando de tantas batallas, preocupaciones, anhelos, proyectos, de tanto desvivirse por el Evangelio y por la construcción del Reino de Dios, con las personas empobrecidas en el centro.
De Araceli recordamos especialmente su hospitalidad, «donde comen cinco comen… los que haga falta»; su generosidad… «yo no quiero tener nada que no sea para darles», su grandísima sensibilidad y empatía con el sufrimiento de hermanos y hermanas víctimas de un sistema que los expulsa de su tierra y los explota y excluye en la nuestra. Araceli no podía dar de lado a nadie que llamara a su puerta, a la hora que fuese, con alguna necesidad… aunque esto no dejara de “complicarle” la vida. Latía con la juventud que llegaba a S. Isidro para hacer alguna experiencia misionera que jamás olvidarían, ¡tantas personas vinculadas a Proclade Bética y a la misión claretiana han pasado por su casa y han visto en ella una mujer auténtica seguidora de Jesús! Siempre comprendía todo cuando se trataba de personas, incluso aunque no fuese comprensible para nadie, pero no le faltaba la capacidad social de indignarse, cuando tocaba la injusticia, y eso era todos los días. Caminaba con el pueblo.
No hay nada que la retrate mejor que sus propias palabras. Te queremos Araceli, descansa en paz e intercede por nosotros, para que no olvidemos nunca tus luchas y nos involucremos más en los desafíos que tú quisiste afrontar…
“Buenas tardes, me llamo Araceli, soy Mercedaria de la Caridad. Vivo en San Isidro de Níjar. Vivir en San Isidro es una experiencia que me interpela. Me hace que viva en una actitud constante de entrega, identificándome con estas personas y sus problemas, intentando ser mercedaria, esa providencia visible de los pobres, con los que quiero recorrer un camino de liberación, trabajando con ellos. Con mi comunidad procuro vivir el perdón, la misericordia y el amor. Mi compromiso pastoral es la evangelización desde la vida, sembrando esperanza y sintiendo lo que significa vivir al lado de los más pobres, los morenos, los marroquíes, los rumanos, personas que me necesitan y, como mercedaria, tengo que ser merced y misericordia, procurando ayudarles a cubrir sus necesidades más básicas, tratándoles con humanidad, siendo comprensiva y compasiva. Justicia sí, pero con misericordia. Consciente de que no soy más que una simple colaboradora del Espíritu Santo, cuya gracia es derramada en el corazón de todo ser humano sin excepción. Otro gran desafío para mí es contemplar la constante llegada de inmigrantes, que después de muchos años, siguen estando sin papeles, viviendo en unas condiciones infrahumanas, tremendas, por lo que intento, en la medida que puedo, seguir fiel al ideal de mi fundador, el beato Juan Zegrí, “curad todas las llagas, remediad todos los males”. En definitiva, es vivir y dar sentido al carisma redentor, que nace de la caridad y el servicio, como elección fundamental del Evangelio, y como proyecto del Reino a favor de los más desfavorecidos de la tierra. Esto es lo que hoy intento vivir y hacer que sea una realidad, haciendo vida el lema de la congregación: en Dios, por Dios y para Dios. Siempre acompañada de mi madre y protectora María de la Merced”.
GRACIAS ARACELI POR ENSEÑARNOS TANTO






