Ayer, miércoles 14 de mayo, en el Colegio Sagrado Corazón de Sevilla, Proclade Bética junto a Spínola Solidaria, organizaron un encuentro muy especial bajo el título “Sinodalidad e itinerancia: caminos para la Iglesia”. Un evento cercano, profundo y cargado de esperanza que reunió a personas voluntarias, amigas de las entidades organizadoras, miembros de comunidades eclesiales y agentes comprometidos con la transformación social.
Los protagonistas de la tarde fueron Cristina Inogés, laica y teóloga zaragozana con un papel relevante en el Sínodo de la Sinodalidad 2023-2024 por designación del Papa Francisco, y Mariano Pérez de Ayala, laico sevillano con amplia experiencia en el trabajo social y recientemente llegado de una experiencia junto al Equipo Itinerante de la Amazonía. Sus intervenciones nos ofrecieron dos miradas complementarias: una desde el corazón de la reflexión sinodal global, y otra desde la práctica viva en las periferias del mundo.
La sinodalidad como forma de ser Iglesia

Cristina Inogés comenzó recordándonos que la sinodalidad no es un concepto nuevo ni una moda eclesial pasajera. “La Iglesia nació sinodal y laical”, afirmó con convicción. Recuperar esa esencia, explicó, implica volver a escucharnos de verdad, con los cinco sentidos y sin prejuicios. Porque solo así podremos entendernos y avanzar. Para Cristina, el reto está en dejar de hablar de la Iglesia como si fuera algo externo, y empezar a hablar desde dentro, como parte activa y corresponsable.
En su intervención, resaltó que no se trata de inventar nada, sino de recuperar lo que siempre estuvo ahí: una Iglesia donde lo que afecta a todos debe ser discernido y decidido por todos. La sinodalidad —subrayó— ha venido para quedarse, no solo como una forma de funcionar, sino como una actitud de fondo: abierta, inclusiva, comprometida con la escucha y capaz de aprender de los demás.
Hizo hincapié en que esta forma de caminar juntos no es solo para la Iglesia, sino también para la sociedad. Escuchar, dialogar, acoger diferentes voces… son claves para cualquier proceso de transformación, ya sea eclesial o civil. Con una anécdota cercana, recordó cómo, en una parroquia, hasta concejales de distintos partidos quedaron asombrados por la posibilidad de hablar y escucharse en libertad: “Esto es fantástico”, le dijeron. Y es que, cuando hay escucha sincera, florecen las buenas ideas.
La Amazonía: una escuela de sinodalidad en movimiento
Mariano Pérez de Ayala nos trasladó de Sevilla a la selva amazónica, compartiendo su vivencia como miembro del Equipo Itinerante, una comunidad misionera nacida del sueño del jesuita Claudio Perani, que lleva más de 25 años recorriendo territorios, escuchando comunidades y caminando con ellas.
Con pasión y humildad, Mariano relató cómo en la Amazonía se está haciendo realidad una Iglesia que no teme incorporar culturas, ritos y formas nuevas de vivir el Evangelio. “He experimentado que nuestras iglesias son miedosas y estamos paralizados por el miedo”, confesó. Pero en la Amazonía, el miedo se vence con apertura y confianza en el Espíritu. Allí, la sinodalidad no es un concepto, es vida.
También destacó cómo el proceso de toma de decisiones se fundamenta en la escucha espiritual, en el diálogo y en la relación profunda con las comunidades. “Las fronteras no son barreras, son lugares de encuentro”, afirmó. Y en esos márgenes, donde muchas veces la sociedad olvida, la Iglesia redescubre su rostro más auténtico.
Caminar juntos, construir con otros

El evento concluyó con un mensaje claro y motivador: la sinodalidad se aprende caminando, no se queda en los libros ni en los discursos. Se hace práctica cuando salimos de nuestros círculos cerrados, cuando decidimos construir con otros y no solos, cuando nos dejamos zarandear por el Espíritu, como decía Mariano.
Se proyectó también un vídeo sobre el proyecto Capoeira Itinerante, una propuesta de intervención social en las periferias de Manaos con menores y jóvenes, apoyado por Spínola Solidaria y Proclade Bética. Un ejemplo concreto de cómo la sinodalidad y la itinerancia se traducen en compromiso, justicia y esperanza.
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Desde Proclade Bética, queremos agradecer a todas las personas que participaron en este encuentro. Fue una tarde para recordar que nuestra fe se vive en camino, con otros y otras, y que este proceso sinodal en el que estamos inmersos es también una invitación a transformar nuestras comunidades desde la escucha, la apertura y la acción compartida.
Sigamos caminando.


