Crónica Mesa redonda Justicia y Dignidad | Ffd4

En el marco de los eventos preparatorios de la IV Conferencia de Naciones Unidas sobre Financiación para el Desarrollo (FfD4), se celebró la mesa redonda “Justicia y dignidad, jubileo de la esperanza y financiación para el desarrollo”, organizada por la Vicaría de Pastoral Social y las entidades católicas de la plataforma Enlazate por la Justicia con el apoyo de entidades eclesiales y sociales. El evento reunió a destacadas voces del ámbito eclesial, académico y de la cooperación internacional, quienes abordaron los desafíos estructurales de la deuda, la desigualdad y el papel de la Iglesia como agente ético global.

Sevilla. 26/06/2025. Moderada por la periodista Karen Mendoza, de la Delegación Diocesana de Medios de Comunicación de Sevilla, la mesa estuvo conformada por Monseñor Ramón Valdivia, obispo auxiliar de Sevilla; Mariano Pérez de Ayala, expresidente de Cáritas Andalucía; Mari Luz Ortega, profesora titular de Economía Internacional de la Universidad Loyola Andalucía; y Ligia Ivette Gómez, economista nicaragüense refugiada en España.

Ramón Valdivia: “Los pobres no son una distracción para la iglesia, sino sujetos creativos que nos ayudan a vivir en el evangelio”

En su intervención inicial, Mons. Ramón Valdivia contextualizó la reflexión sobre el desarrollo a la luz del Magisterio social de la Iglesia. Citando encíclicas como Populorum Progressio, Laudato Si’ y Fratelli Tutti, denunció las desigualdades provocadas por un modelo económico que olvida a los más vulnerables y agota el planeta.

“El desarrollo no puede ser sostenible si no es justo”, afirmó, subrayando la importancia de la economía de los cuidados no remunerados, especialmente en manos de mujeres, como pilar invisible del bienestar colectivo. Celebró la propuesta, recogida en el documento preparatorio de la Conferencia de la ONU, de crear una oficina internacional para mitigar riesgos climáticos y llamó a invertir en empleo digno en el Norte Global.

mesa redonda justicia y dignidad

Mari Luz Ortega: “La deuda no es un dato; es una barrera estructural para los derechos”

La profesora Mari Luz Ortega ofreció un análisis contextual de la FfD4. Recordó que esta cumbre no surge de la nada, sino como continuación de un proceso iniciado con los Objetivos del Milenio y los ODS, en diálogo con el cambio climático y las políticas fiscales globales.

Alertó sobre la crisis del multilateralismo, el aumento de conflictos armados y el peso insostenible de la deuda: “Más de 3.300 millones de personas viven en países donde el pago de intereses de la deuda supera el presupuesto para salud o educación”. La clave, señaló, no es cancelar sin más, sino negociar, acompañar y reinvertir en desarrollo humano.

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Mariano Pérez de Ayala: “La Iglesia tiene una palabra distinta y una responsabilidad global”

Desde una mirada más experiencial y pastoral, Mariano Pérez de Ayala recordó que la Doctrina Social de la Iglesia ha situado el tema del desarrollo en el centro de su mensaje durante los últimos 60 años. “Populorum Progressio es un texto profético que debemos releer”, dijo, defendiendo que el desarrollo es un derecho humano, no un privilegio.

También alertó sobre los nuevos rostros de la deuda: ecológica, digital, estructural. “No se puede hablar de dignidad humana sin aterrizarla en condiciones reales de vida”, afirmó. Pérez de Ayala llamó a la movilización ciudadana en el Norte global: “Si no alzamos la voz, las agendas políticas seguirán olvidando la cooperación. La Iglesia tiene la autoridad ética para ofrecer una visión distinta”.

Una deuda con rostro humano

A lo largo de la mesa, resonaron ideas clave: el Jubileo bíblico como símbolo de liberación, la trampa de la deuda como obstáculo para el desarrollo, la necesidad de instrumentos de compensación y transparencia, y la urgencia de colocar a la persona en el centro de las políticas económicas globales. 

Ligia Ivette Gómez, consultora en pobreza rural y desarrollo territorial y defensora de los derechos humanos en Nicaragua, habló sobre la importancia de que la cooperación no consolide regímenes autoritarios y apoye procesos de desarrollo comunitarios que reviertan en las condiciones de vida de las personas más vulnerables. 

Como señaló Karen Mendoza al cerrar el evento, transformar la deuda en esperanza no es solo una consigna: es una tarea espiritual, política y colectiva. Desde Proclade Bética seguiremos dando voz a quienes sufren las consecuencias de sistemas que perpetúan la exclusión, y sumándonos a quienes construyen alternativas basadas en la justicia, la solidaridad y el cuidado.

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